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Big Hawking. Por Juan Rodríguez Plaza. Periodista.

El hombre predestinado para investigar La Gran Paradoja De La Ciencia era en sí mismo una paradoja de la ciencia. Stephen -el brillante veinteañero con enfermedad degenerativa de imposible solución- ha jugado a los dados con Dios durante más de 50 años, desde que fue diagnosticado como un imposible para la vida. Hawking el Arquitecto de La Historia, el hombre biónico de silla y voz robótica, el físico teórico sin físico práctico pero con un cerebro de dron intergaláctico, el hombre de Vitruvio del futuro.
El Universo no necesita a Dios. Cuidado con los extraterrestres, que igual no son tan adorables como ET. ¿Quiere que le diga lo que había antes del Big Bang?. No había nada, existía la nada. De acuerdo, Genio, lo que usted diga.

Canarizando un poco el asunto, que es lo que hay que hacer con cualquier suceso mundial que se tercie, hay que recordar que el científico más famoso de La Tierra estuvo tres veces en Tenerife y en La Palma como tótem del Festival Starmus. Muchos Nobel de ciencia y otros nombres internacionales a punto de ganarlo vinieron por su gran capacidad de influencia. Cientos de políticos y personas humanas se acercaron al ilustre visitante para los selfies que deben estar ya en lugar de honor de sus perfiles de Facebook, Twitter y toda la mandanga tecno-social. Qué rollo la conferencia; ¿de qué habla este señor?; lo que hay que aguantar pa tener una foto!.
Dicen que Hawking se sentía a gusto aquí, que este lado del Atlántico le sentaba bien y la comida very good, que la gente le gustaba y no le mareaba demasiado (un tío vital además de profesional). Pero llegó 2016 y el noviazgo terminó. Ese año los del Starmus se quejaron de que tuvieron 350.000 euros en pérdidas porque desde Tenerife no se cumplieron los pagos en tiempo y forma por parte de los patrocinadores. El Cabildo señaló que por su parte sólo se debían 75.000 que pronto serían abonados. Pero a ese nivel no se suele tener mucha paciencia con retrasos y excusas. Desde el Starmus interpretaron que el que quiera presumir de un Ferrari que lo pague sin remilgos o que se compre un Panda a plazos. Y se fueron a Noruega para 2017. Entonces el gobierno tinerfeño inició la reconquista pensando en el verano de 2018, con Hawking incluído, cómo no. Tan serias intenciones quisieron demostrar desde la corporación insular que anunciaron 2,5 millones de euros para una inminente ‘Ala Stephen Hawking’, anexa a la sede lagunera del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y en la que nuestro héroe podría desarrollarse a su aire durante largas temporadas. Ahora es de suponer que todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia (de estrellas), o que se replanteará de otra manera y con otra, digamos, ilusión. Con la muerte del mítico astrofísico toda la parafernalia pierde fuelle.

La I + D + i está muy bien como objetivo de expansión económica y laboral, pero está mejor cuando viene de la mano de una figura de prestigio incuestionable que además de atraer ciencia caviar puede atraer más turismo de el de toda la vida o mejor. Siempre tuve la impresión, por supuesto subjetiva, de que el Starmus no era para despertar vocaciones entre los jóvenes autóctonos o para crear conciencia local. Algo así como el Festival de Música de Canarias.
En 2016 intenté durante semanas una entrevista telefónica con Garik Israelian, creador y director del Festival. Fue imposible. Ni con él ni con el bedel del Starmus. Sencillamente no les interesaba, ni siquiera responder diplomáticamente que no podría ser. A pesar de que siempre se quejan los científicos, y con razón, de que los medios de comunicación les dan poco chance. Fue como la Nada antes del Big Bang, esa Nada que decía Stephen Hawking .

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