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Que no te engañen, cómo detectar a un mentiroso. Por Sandra Arteaga. Coach ACC por ICF

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, mentir es “decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, cree o piensa”. Engañar es “dar a la mentira apariencia de verdad” o “inducir a alguien a tener por cierto lo que no lo es, valiéndose de palabras y de obras aparentes o fingidas”.
En ciertas situaciones, en las que la comunicación verbal es altamente ambigua, sólo el 7% de la información se le atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono…) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimientos de los ojos, respiración…) El ser humano es biológicamente un animal. Una especie de primate con menos pelo, que ha aprendido a caminar sobre dos piernas y que disfruta de un cerebro inteligente y avanzado. Pero, y es aquí donde debo hacer hincapié, dominado por reglas biológicas que controlan sus acciones, reacciones, lenguaje corporal y gestos.
En líneas generales, cuando una persona es consciente de que está diciendo una mentira, su cerebro emitirá una serie de señales que la traicionarán. Lo que dice no se corresponde con sus movimientos, sus gestos, su lenguaje corporal. Si somos observadores, seremos capaces de detectar la mentira, de observar los indicios verbales y no verbales que provocan las emociones en el cerebro de una persona que es consciente de que está mintiendo. La persona que miente no se siente cómoda al reforzar congestos sus respuestas verbales y éstas tienden a ser artificiales. A lo largo de una conversación, el mentiroso irá proporcionando claves que nos indicarán si lo que dice es cierto o no.
El lenguaje verbal
Un mentiroso sabe que tiene que convencer con lo que dice, por ello, hablará más lentamente y hará pausas más largas de lo normal. Este proceso de elaborar una conversación basada en mentiras que tiene que ir elaborando e hilando, le tomará varios segundos, por lo que crea un silencio entre la pregunta y la respuesta. El mentiroso piensa mucho lo que dice y calcula muy bien sus palabras, controlando la información que da para no ser descubierto. Esta precaución que debe tomar es lo que produce, en su caso, la lentitud y vacilación al hablar.
Si dudas sobre sus argumentos y le haces una pregunta para confirmar, te pedirá que se la repitas y así ganará tiempo para elaborar una respuesta a su medida.
Tú: —¿Estuviste ayer en casa de Ana?
Mentiroso: —¿Que si estuve ayer en casa de Ana? No.
Por el contrario, si el mentiroso se ha preparado bien la respuesta a una pregunta, acelerará bruscamente su ritmo de habla y responderá a tu pregunta de manera precipitada, casi sin que le dé tiempo a respirar.
Cuando una persona sincera cuenta una historia, como lo que dice es cierto, la llena de detalles, tiende a dar detalles precisos, incluso irrelevantes.
La reacción normal del mentiroso a la hora de dar su versión es no dar detalles. Si los da, lo hará de forma ambigua. Puede dar respuestas poco plausibles o difícilmente admisibles.
Cuando se le pregunta por el hecho directamente, normalmente lo negará por completo. Por ello, no debe cometerse el error de hacer preguntas cerradas que se contesten con un sí o un no.
—¿Es usted un ladrón?
—No (respuesta firme).
Mentir, lo que se dice mentir, no miente, al decir que no es un “ladrón”. Sin embargo, puede ser que sí haya cometido un robo alguna vez. Quizás considere que un pequeño hurto no es robar y por eso, contesta que no.
En personas que se han preparado para responder preguntas comprometedoras, suele aparecer la negación enfática del hecho, con una modulación o atenuación que resulta sospechosa, y a veces reveladora de mentira, buscando desviar la responsabilidad personal:
• “No, que yo sepa”
• “No, si entendemos por…”
• “No, hasta donde yo sepa”,
• “Hasta donde yo pueda saber…”
El mentiroso intenta reforzar sus manifestaciones con expresiones como:
• Ciertamente, verdaderamente…
• Si te digo la verdad…
• Sinceramente…
La persona que dice la verdad no necesita la ayuda de estas expresiones. Se enfadará si aprecia que no la crees.
Por ello podemos decir que hay indicios verbales de mentira y debemos desconfiar de alguien cuando éste insista en que nos está diciendo la verdad. Es posible que quiera algo de nosotros o que pretenda manipularnos.
Cuando la persona es sincera, utiliza descripciones realistas del suceso a narrar. La actitud del mentiroso le lleva a utilizar palabras que atenúan la gravedad de lo ocurrido.
En situaciones de ansiedad y estrés, la voz humana se vuelve más aguda, elevando su tono. La persona tiene más dificultad para modular la voz y entonar. Puede aparecer una ligera afonía. Se tiene que prestar atención a los cambios de voz ante las preguntas claves. El habla posee un patrón consistente, casi rítmico. Cuando alguien se pone nervioso, este patrón se vuelve más lento, inconsistente y con errores en el habla debido al nerviosismo y al esfuerzo mental que necesita para controlar sus argumentos.
El lenguaje corporal
En cuanto al lenguaje no verbal, el mentiroso, por mucho que trate de evitarlo, cometerá errores. Gesticulará inconscientemente y se delatará. Los siguientes gestos, a los que a continuación me voy a referir, se deben leer dentro de un todo gestual y en un contexto determinado.
La postura de la persona sincera suele ser abierta, receptiva, frontal, inclinada hacia delante y alineada con la persona a la que le habla; coloquialmente hablando, va de frente. Sin embargo, el mentiroso tiende a apartar su cuerpo de su interlocutor, tiende también a inclinarse más hacia delante para apoyarse, como si necesitase buscar seguridad en lo que dice pero se alinea de forma oblicua, como si esquivase a su interlocutor. Adopta una postura rígida y defensiva, con muy pocos cambios corporales, con gran tendencia a la inexpresividad. Emplea menos gestos demostrativos, es menos expresivo que un hablante sincero. Ya que se está inventando lo que cuenta y en ese discurso es muy probable que haya ausencia de emotividad.
Cuando un niño de corta edad dice una mentira, se lleva automáticamente la mano a la boca. Un adulto que miente refinará ese movimiento, se tocará la cara con las manos, las orejas y el cabello, se frotará la nariz; hará como si retirase hilos reales o imaginarios de la ropa, se sacudirá el polvo, se colocará bien las gafas, jugará con el pelo, jugará con collares, pendientes o joyas. Estas señales son indicios de mentira cuando aparecen sistemáticamente asociados a respuestas específicas sobre el tema que se investiga.
Durante la conversación, el mentiroso, inconscientemente, se tapará la boca, ya que el cerebro le ordena que elimine las palabras de engaño que está diciendo.
O se frotará un ojo, en un intento por parte del cerebro de bloquear la visión de un engaño. Lo mismo que cuando un niño pequeño no quiere ver alguna cosa se tapa los ojos con una o ambas manos.
El mentiroso cruzará brazos o piernas más frecuentemente que quien no miente. Plantará una barrera sutil con su cuerpo.
La sonrisa es una de las formas habituales de disimular una emoción. La risa nerviosa es un indicador típico de ocultación.
La mirada esquiva señala al mentiroso. Al responder a una pregunta, el mentiroso mirará a otro lado, justo antes de contestar o durante las primeras palabras de la respuesta. Se pondrá nervioso y ello provocará falta de control de las extremidades: se le escapará una patada seca contra una silla, moverá los pies incesantemente o cogerá algún objeto y lo tendrá en la mano dándole vueltas, como un pisapapeles, un bolígrafo, unas gafas, cualquier objeto que pueda manipular y le ayude a calmar los nervios.
El estrés que le produce mentir hará que aumente su sudoración, le sudará el labio superior. Se rascará la nariz ante preguntas comprometedoras. Es lo que se conoce como el efecto Pinocho: al mentir se dilatan los vasos sanguíneos de la nariz de forma que ésta se hincha.
Al mentiroso se le secará la garganta, esto se debe a que cuando estamos nerviosos segregamos menos saliva y por consiguiente se nos seca la boca. Carraspeará, toserá, beberá agua
Mantener una mentira conlleva un esfuerzo mental intenso, el mentiroso tenderá a arrugar la frente y el entrecejo o a apretar los labios. Su respiración se agitará, suspirará. Un mentiroso tendrá contracciones involuntarias de párpados y cejas y parpadeará más que una persona que está diciendo la verdad.
Si está sentado se revolverá en su asiento y si está de pie tenderá a moverse.
Como tiene que armar la mentira, vacilará al hablar, se le trabará la lengua.
Pillar a un mentiroso, sobre todo si es un experto, es complicado aunque no imposible. Si somos observadores y estamos atentos a su lenguaje verbal y, sobre todo, a su lenguaje corporal, podremos cazarlo. Te invito a que, a partir de ahora, observes a tu interlocutor y te guíes más por sus gestos que por la historia que te cuente. Te garantizo que te llevarás muchas sorpresas y esquivarás posibles problemas.

Sandra Arteaga.

Coach ACC por ICF

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