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Triunfo sereno sobre la Alaska indómita

Triunfo sereno sobre la Alaska indómita

Triunfo sereno sobre la Alaska indómita
La segunda etapa de #RunForLeucemia alcanza las nieves del paso Hatcher tras superar temperaturas muy altas sobre el asfalto de las llanuras y la pared de Lazy Mountain

Mañana, tercera etapa a través de las viejas explotaciones mineras de oro

Wasilla (Alaska, EEUU), junio de 2018

CRÓNICA: Magec Montesdeoca

FOTOGRAFÍAS: Marcos Cabrera

Segunda etapa del reto de Marcos Yánez en Alaska con la lección aprendida de ayer: en esta latitud tan próxima al Polo Norte, la naturaleza indómita marca los tiempos y las rutas. Si ayer los desprendimientos en las vertientes oeste de los Twin Peaks obligaron a un track-back (vuelta atrás de seguridad) de diez horas con momentos complicados y temperaturas de un grado centígrado en las cimas, hoy es el cierre de Hatcher Pass por acumulación de nieve lo que marca un nuevo cambio de planes y replanificar la ruta.

La alternativa ideada anoche durante la reunión técnica combina parte del trazado inconcluso de ayer y parte del previsto para hoy. Así, el previsto Hatcher Pass Lodge-Willow Camping Area se transformó en Lazy Mountain-Hatcher Pass Lodge. Un recorrido de 52 kilómetros cubierto en ocho horas, con cambios térmicos de más de 20 grados y una dificultad constatable en la pérdida de 2’8 kilos de peso.

Comenzamos en Lazy Mountain (1.133 metros de altitud con dos únicas rutas marcadas con sendas placas: ‘More difficult’ y ‘Most difficult’. Es decir: más difícil y la más difícil). Subida y bajada con una pendiente media del 17 por ciento. Vegetación tupida en su base, temperatura razonablemente cálida y ligero tránsito de excursionistas pacientes y constantes en la subida y ‘runners pro’ en acción que preparan alguna competición extrema. Nadie entre esos dos polos.

Marcos y Nani Viadero, su compañera de seguridad en esta montaña en previsión de encuentros con osos o alces, inician el ascenso. Les llevará algo más de dos horas completar un recorrido circular hacia la cima. A media hora de allí, en la casa de Sandra y Mike Hinton donde nos acogen con enorme cordialidad estas dos noches, las compañeras de producción Mari Mar Vega y Montse González (trabajo silencioso pero imprescindible en cualquier expedición) se afanan en encontrar un servicio de telefonía móvil con cobertura en las zonas remotas que recorreremos estos días.

El resto del equipo estamos en Lazy Mountain, unos a mitad de ascenso a la espera de captar el paso de Marcos, y el resto en la base para cubrir el final de su descenso. Durante esa espera despertamos el interés –como nos ha ocurrido cada día- de las pocas que se acercan a esta montaña. Les explicamos el proyecto de #RunForLeucemia y cómo inscribirse en el banco mundial de donantes. Sus respuestas son inmediatas: sorpresa por venir desde España a mover conciencias en Alaska. Sorpresa, sí, que da paso al compromiso (en el caso de EE.UU. con la organización ‘Be the match’ y un simple frotis bucal; en el caso de España, acudiendo al hospital de referencia y una simple muestra de sangre).

Esta mañana fueron un grupo de tres jóvenes haciendo trekking, una entrenadora personal que se prepara para acometer su decimosexto ‘Mount marathon’ de Kenai, dos jóvenes de paseo con un perro, la señora que gesticuló de emoción al explicarle el reto o el empleado municipal, que no retiró la pancarta de patrocinio que colocamos a la entrada de la montaña –para grabar la llegada de Marcos- tras conocer el fondo del proyecto. Su padre también había fallecido de cáncer.

Porque esa es una característica de los alaskeños: con naturalidad preguntan y se interesan por las historias de las otras personas, y empatizan.

Superada Lazy Mountain, la ruta discurrió durante unos 25 kilómetros, casi la mitad de la etapa, por vías con gran tráfico. A la altura del pueblo de Palmer, Arctic Avenue adelante, el tiempo cambió. El cielo azul dejaba pasar toda la luminosidad del sol sobre los campos florecidos, y su potencia sobre el asfalto. Según pasaban los kilómetros, la sensación térmica subió a 28-30 grados centígrados.

El calor sobre el asfalto mermaba las fuerzas de Marcos, entre paisajes de colinas de hierba verde y flores amarillas que apenas se insinúan en la inmensa llanura resguardada por altos picos nevados. Casas de madera, vallas blancas, rastrillos caseros, todoterrenos con remolques transportando caballos, granjas rojas de tejados blancos y buzones de correo que compiten en decoración al borde de la carretera general. Pide cambio del agua por ‘soft flask’ fríos, crema solar y que le mojemos la cabeza.

Más tarde, a 15 kilómetros de Hatcher Pass Lodge, una densa capa de nubes baja la temperatura de golpe. Llueven gotas frías por el estrecho desfiladero que repentinamente nos saca de la llanura y nos conduce montaña arriba. El río, antigua zona de mineros en busca de oro, baja muy fuerte rompiendo contra las rocas. La nieve clara se ve ya muy cerca y la arboleda oscurece sus colores.

Marcos pide abrigo y bastones mientras la doctora Sara Solana le suministra proteínas, hidratos y grasas. Los últimos cinco kilómetros la pendiente se yergue al tiempo que los árboles menguan en arbustos y de ahí a sólo roca. La llovizna fría continúa hasta el paso Hatcher, cerrado por la nieve. El corredor grancanario paga el precio de hacer realidad su visión y usa las manos sobre sus cuádriceps para hacer fuerza en cada paso. Pero levanta la cabeza. Las cabañas rojas del Hatcher Pass Lodge resaltan en la nieve. Llega. Lo consigue, pasa su meta imaginada. Marcos triunfa hoy sobre la Alaska indómita, serena y plácidamente.

El reto deportivo y humano

El proyecto #RunForLeucemia’ se desarrolla en junio (del jueves 7 al lunes 11) a través de los bosques de Alaska. Una carrera en solitario de 300 kilómetros en cinco etapas, cada una de entre 50 y 60 kilómetros. El objetivo es concienciar a las poblaciones española y estadounidense sobre esta enfermedad y conseguir 3.000 nuevos donantes de médula ósea, con la colaboración de la organización ‘Be the match’ (http://join.bethematch.org/Marcos).

La primera etapa sale de Eklutna Lake y finaliza en Wolf Lake (58 kilómetros con desnivel positivo de 2.300 metros).

La segunda etapa sale de Hatcher Pass Lodge y finaliza en Willow Camping Area (53 kilómetros con 1.300 metros de desnivel positivo).

La tercera etapa sale de Trapper Creek y finaliza en Petersville (60 kilómetros con 1.200 metros de desnivel positivo).

La cuarta etapa sale de Triple Lake y finaliza en Healy (46 kilómetros con 2.400 metros de desnivel positivo).

La quinta etapa sale de Healy y finaliza en el ‘magic bus’ de la película ‘Hacia rutas salvajes’, después de atravesar un río sin puente (45 kilómetros con 800 metros de desnivel positivo).

Este final de ruta tiene un gran simbolismo para ‘Run for leucemia’, ya que la odisea personal de Christopher McCandless, que terminó en 1992 en el ‘magic bus’, recoge ese afán inconformista y de superación que imprime Marcos Yánez a su proyecto.

Colaboradores del proyecto

‘Run for leucemia’ es posible gracias al apoyo y colaboración de estas entidades: Icelandair, America Tours, Gobierno de Canarias, Cabildo de Gran Canaria, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, Hospital Perpetuo Socorro, Gran Canaria Tri Bike & Run, Ahembo, Niños Contra el Cáncer Pequeño Valiente, Hoka One One, Bvsport, Andersen Tax & Legal, Ortopedia Mejorando, Iati Seguros, Running Project Canarias, Revista Trail Run, Canarias En Hora, Topo, Asociación Paz desde el Deporte, Pushbars Nutrition, Reflejos Pro y Marcos Cabrera Fotografía.

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