El síndrome del colonizado sigue vivo en Canarias…

Por Angel Rivero García

Hay cosas que no se entienden por más que podamos creer que ya lo hayamos visto todo. Hace unos días por fin se selló el acuerdo que permitirá a la Nacionalidad Canaria asumir las competencias en Costas. Algo que ya venía reflejado en el Estatuto de Autonomía de Canarias, más concretamente en su renovación y actualización aprobada en 2018. Algo de lo que todos los canarios deberíamos sentirnos satisfechos pues redunda en beneficio de nuestro autogobierno

 

El caso es que inmediatamente empezaron las críticas y comentarios negativos en redes sociales, algo que podría «entenderse» y disculparse si dichos reproches provinieran de «no canarios» o de defensores del centralismo nacionalista (vamos, los que quieren que todo el Estado español sea controlado y dirigido desde Madrid). Pero resulta que muchas de esas reprobaciones venían de nuestros propios paisanos. Es más, muchos de ellos «teóricos canaristas» e, incluso, personas que se autodefinen como «independentistas«. Apaga la luz y vámonos…

 

¿Puede alguien explicarme cómo puede ser defendible que cuestiones vitales para el desarrollo de nuestra Nacionalidad Canaria como las competentes a nuestras costas sean discutidas y aprobadas o denegadas a más de 2000 kilómetros de distancia y por personas que probablemente jamás hayan pisado nuestras costas (o ninguna otra) salvo en vacaciones?…

 

La única explicación que se me ocurre es que el síndrome del colonizado sigue muy vivo en Canarias. Ese síndrome que hace que siempre despreciemos lo nuestro, nuestra capacidad de desarrollo, de decisión, el desapego hacia nuestra cultura y la convicción de que «lo de fuera es mejor» por definición…

 

Hace no muchos años, cuando tras la muerte del dictador genocida que intentó lapidar nuestras raíces culturales (como otros hicieran en el pasado, en eso se basa el colonialismo) se dio el paso hacia la Democracia, hubo un resurgir del nacionalismo canario (ahora renombrado como canarismo). Empezaron a surgir formaciones políticas cuya base era la defensa de Canarias por encima de todo, y empezó a convertirse en habitual el denominar a nuestros hijos con los nombres comunes de nuestros aborígenes (mis tres hijos, por poner un ejemplo, llevan nombre canario). Todo eso se está perdiendo…

 

Ahora «la moda» es usar nombres anglosajones, aunque sea mal escritos y peor pronunciados, cuando no sencillamente nombres inventados. Para muchos, parece que «lo nuestro» no sirve. Síndrome del colonizado (SDC)…

 

Nos hemos pasado la vida criticando al godo. Ese español que cuando viene a Canarias (muchas veces, a matar el hambre) se considera superior a nosotros y considera todo lo relativo a Canarias como poco menos que basura. Nada que ver con el peninsular común que es capáz de ver lo bueno (y también lo malo) de nuestra tierra y se integra sin problemas en nuestra sociedad. Pero resulta que nuestro mayor problema no ha sido nunca el godo. Ese siempre ha sido bastante reconocible desde el primer momento. Nuestro hándicap lo tenemos dentro. Los que parecen, generalmente sin darse cuenta, del síndrome del colonizado

 

No avanzaremos como Pueblo si no nos liberamos de ese SDC que provoca el rechazo de lo propio, la endofobia. De hecho, y para más inri, nuestro Estatuto de Autonomía, refrendado por las Cortes Generales del Estado, nos otorga el Derecho a referirnos a nuestra tierra como Nacionalidad, y ni siquiera nuestro propio Parlamento de Canarias usa el término, salvo una vez al año, cuando «toca» desarrollar el Debate del Estado de la Nacionalidad. Triste

 

No avanzaremos como Pueblo ni como Nacionalidad mientras no pongamos tanto desde las Instituciones canarias como desde los ciudadanos de a pie los recursos y la voluntad necesaria para superar ese síndrome del colonizado. Mientras no aprendamos a valorar de verdad lo nuestro, a defender nuestros valores y a eliminar nuestros defectos. Mientras haya canarios que sigan pensando que es mejor estar gobernados desde «fuera» el canarismo no se desarrollará con la fuerza y el coraje que nuestra tierra canaria necesita…

 

Angel Rivero García

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