Fundación Cine + Cómics una entrevista a la historietista catalana, Aroha Travé.
30 de Agosto 2025
AROHA TRAVÉ, historietista:
“A lo mejor haber leído El Víbora a tan temprana edad me jodió la cabeza y ahora me resulta imposible percibir lo que es provocador”
“Los días que me los paso currando enteros, al final te cruje la espalda y te duele la mano pero son los que más feliz me hacen”
“Lo que más me gusta del cómic underground es la honestidad brutal con la que te habla”
“La primera vez que sentí que encajaba en el mundo fue leyendo El Víbora”
“Diría que mi estilo es sucio”.
Noé Ramón
Aroha Travé es una autora originaria de la localidad catalana de Terrassa que pese a haber nacido en 1983 no se vio influida en principio por el manga que años después arrasaría como un huracán por la cabeza de aquellas generaciones. Ella, de forma un tanto insólita, a los doce años se decantó por El Víbora y el underground barcelonés que prácticamente daba sus últimos coletazos y acto seguido se alimentó de todo aquel conglomerado de disparates y provocación. Su obra más destacada es Carne de Cañón pero desde 2015 ha publicado de forma continua.
-¿Es cierto que tienes una relación muy especial con El Víbora a pesar de que no viviste los años más importantes del underground barcelonés? ¿Cuál es el motivo? ¿Qué es lo que más te gusta de aquella publicación?
-En Primaria era muy mala estudiante. Me pasaba todo el día dibujando y por eso mis padres me apuntaron a una escuela de cómics donde tampoco hacía nada pero conocí a un profe que se llamaba Carlos Gambarte, que traía las páginas de su cómic R’N’R para terminarlas en clase. Le pregunté dónde lo publicaba y me dijo que en El Víbora. Entre semana fui a la librería de mi barrio y me compré la revista. Tenía 12 años pero nadie me hizo preguntas, me la vendieron sin problema. El Vibora cambió mi manera de verlo todo, no solo los cómics. Aprendí incluso de las historias que no me gustaban. No hacía distinciones entre autores. Como no conocía a ninguno, estaban todos a la misma altura, daba igual que fuera Crumb o un chaval que acababa de empezar. Se me expandió la mente.
-¿Cuál dirías que fue el principal descubrimiento que tuviste con El Víbora?
-Descubrí que se podía hacer y hablar de todo. Lo que más me gusta del cómic underground es la honestidad brutal con la que te habla. Como un autor o autora puede hacer un cómic cagándose en la puta por algo que le molesta, o una historia donde se deja a alguien o a algo por los putos suelos. O como te cuenta historias durísimas de las que no todo el mundo quiere o puede hablar. Mis amigos me pedían Los Víboras porque salían tetas pero había mucho más que eso, para mí era libertad. La primera vez que sentí que encajaba en el mundo fue leyendo El Víbora.
–Un trabajo importante en tu carrera fue la publicación de Carne de Cañón por el que te concedieron el Premio ACD Cómic 2019 a mejor autora emergente.
-El cómic que había presentado a La Cúpula en 2013 no me estaba saliendo como yo esperaba y quería. Iba muy muy lento, ya llevaba tres años y tan sólo tenía poquísimas páginas. Hacía ya rato que había caído en una depresión. Me creía incapaz de seguir dibujando. Entonces vino Emilio Bernárdez de la editorial y me preguntó: “¿Por qué no haces un cómic más pequeño?” y me enseñó algún ejemplo de publicaciones diminutas donde solo se usaban dos viñetas por página. Pensaba que estaba loco porque en vez de decirme: “No vales para esto. Pírate de aquí”, en realidad me estaba dando una oportunidad. Así que le dije que sí. Llevaba años con el otro cómic y esa historia ocupaba toda mi imaginación pero de golpe visualicé un fondo blanco como el de mátrix ¡y a inventar una historia nueva!
-¿Cómo te planteaste y fue tomando forma este trabajo?
-Poco a poco a aquel fondo blanco se acercaron unos niños a jugar. Eran tres hermanos con una vida un poco difícil. Lo primero que supe de ellos es que sus historias serían muy duras pero que siempre acabarían bien. Este cómic quería que me saliera “fácil” ya que el otro me estaba costando tanto. Así que puse a los niños a vivir en el sitio que mejor conocía, mi barrio y por lo tanto sabía muchas cosas de su entorno y de su vida.
Dividí el guión en historias cortas porque pensé que sería más fácil, y de hecho lo fue. Emilio Bernárdez me dejó un escritorio en la oficina de ediciones La Cúpula y estuve tres años yendo allí casi todos los días a trabajar. Repetí el cómic tres veces y cuando lo terminé no me lo podía creer. Pensaba que mi gran obra maestra era el que no me salía y que Carne de Cañón sería una especie de cosa rara que había publicado La Cúpula, algo anecdótico, pero la verdad es que gustó. No digo que arrasara en ventas pero le gustó a la gente. Estoy muy agradecida por cada mensaje y cada persona que se ha parado a contarme su historia y a decirme: “Mi barrio es igual que el de tu cómic”, por todos los días que echaron los de La Cúpula conmigo, por cada premio y reseña que me han dado.
-¿Qué significa Pus Comix y la razón por la que creaste la editorial?
–Pus Comix nace el mismo día que a Rosa Codina y a mí se nos ocurre hacer un fanzine. No lo habíamos pensado antes y tampoco lo pensamos mucho después. Salió solo. La idea era hacer el fanzine Grano de pus y como íbamos a autoeditarlo pusimos ese nombre y ya. Más tarde cuando hicimos otros fanzines, fuimos al festival Graf y a sitios parecidos y vimos que la gente hablaba de Pus Cómix, de pronto tuvimos conciencia de que existíamos realmente bajo ese nombre y que además se nos tenía en cuenta. Creamos Pus Cómix porque hacer fanzines es muy divertido y liberador de la ostia. Nos moló mucho la experiencia, aunque también llevaba un montón de curro. Eso sí.
-¿Cómo definirías tu estilo y evolución a lo largo del tiempo?
-Diría que en 2011 tenía un estilo sucio pero no estaba tan recargado, incluso pintaba los dibujos y todo. Cuando presenté mi cómic a Ediciones La Cúpula volví al blanco y negro y a los mil millones de rayitas por todas partes. En Carne de Cañón tuve que dejar esas ostias de trama y rayitas fuera porque no había espacio físico para meterlas y ahora dibujo mejor que en Carne de Cañón pero sin tantas rayas como antes. Se sigue viendo sucio pero menos recargado. Diría que mi estilo es eso, sucio.
-Entonces ¿te consideras una autora provocadora?
-¡Qué va! Mis cómics pueden provocar reacciones en las personas pero no creo que sean provocadores. Cuando escribo mis historias no lo hago pensando: “¿Qué podría dibujar para escandalizar a la mayor cantidad de gente posible?”. He crecido leyendo cómics que sí parecen estar escritos con esa idea en mente y me han encantado entonces y me encantan ahora pero no creo que mis trabajos puedan ser calificados de esa manera. A lo mejor haber leído El Víbora a tan temprana edad me jodió la cabeza y ahora me resulta imposible percibir lo que es provocador. También podría ser eso.
-¿Cómo recibiste el manga que por edad te cogió de lleno?
-Ni me enteré del boom del manga. No leí ninguno hasta los veintipico cuando empecé a ir a casa de un colega que solo leía manga y así descubrí a Naoki Urasawa o a Takehiko Inoue. Soy muy fan de Akira y de Katsuhiro Otomo pero jamás los compré. Ni siquiera Dragon Ball o Dr. Slump. Cuando iba a casa de mi colega los leía de gorra. Allí descubrí mi manga favorito: Vidas Etilicas de Tomoko Ninomiya. ¡Qué pena que me estoy haciendo vieja y ya casi no puedo leerlos porque no veo la letra!
-¿Cuáles dirías que son los autores o autoras que más te han influido? Siempre se cita a Carlos Grambate, Peter Bagge o Tomaz Lavric.
-Dave Cooper, Gilbert Shelton… todo lo que asomaba por El Víbora en los años 90 como María Colino, Jaime Hernandez, Daniel Clowes, Peter Bagge y más tarde Ken Dahl-Gabby Schultz, Joe Matt, Bill Watterson…
-¿Cuáles son tus próximos proyectos?
-Llevo como cuatro años con un cómic que se publica en Patreon. Se llama Lila María Piernagorda y aún me queda bastante para terminarlo. Antes de palmar me gustaría poder acabar el primer proyecto que llevé a La Cúpula en 2013 y también Lila María Piernagorda y después morirme. Ese es mi plan.
-¿Crees que la involución política que se vive en ciertos sectores te acabará influyendo de alguna manera? ¿Piensas que es posible perder algunos de los derechos y libertades alcanzadas?
-Está claro que sí. No sé si como dibujante pero que me va a influir o afectar como persona, eso seguro.
-¿Cómo ves la llegada de la Inteligencia Artificial (IA) y si crees que te va a perjudicar o ayudar en algo?
-No sé hablarte del impacto que va a tener en un futuro y todo eso pero hoy por hoy solo puedo decirte que para mí es un coñazo. No porque me esté quitando a mí personalmente el trabajo o algo así, es que me parece algo cutre que ya está en todos lados y eso me da mucha vergüenza ajena. Vas a un concurso de dibujo y te dicen: “Estos son los finalistas”, ves que están hechos con IA y es como: “¿Tío aquí no hay nadie al volante o qué?”
Lo mismo me ocurre cuando alguien que sigo en Instagram dice: “Fulanito me ha hecho un dibujo ¡Qué artistazo!” y en realidad lo hicieron con IA. Me da por culo que absolutamente todo lo que nos venden ahora tenga IA incorporada. Es muy cutre. Y si en un futuro nos quita el trabajo va a ser más cutre aún. Pero es algo que no me sorprendería viniendo de la humanidad, también te lo digo.
-¿Cómo suele ser un día más o menos normal de trabajo?
–En los días buenos, me levanto sobre las 10 de la mañana o así. Me quedo un rato en la cama mirando el móvil, a las 11 me siento en mi maravilloso escritorio lleno de trastos, hago un poco de hueco con el brazo y me pongo a dibujar. Me tiro un ratillo eligiendo música pero como es un día bueno no tardo mucho y estoy trabajando hasta las 2 del mediodía. Almuerzo y me vuelvo a sentar a trabajar hasta las 8. Por medio me distraigo mil veces con el móvil, yendo al lavabo y a merendar, pero si tengo un audiolibro o algo de fondo, -últimamente pongo Los Vigilantes de la Playa-, consigo entrar en trance y sacar adelante las páginas. Suelo dejar algún boceto para entintarlo al día siguiente. Si voy muy tarde con una entrega, no queda otra que currar hasta que se termine el dibujo o la página, aunque depende de lo concentrada que esté. Los días que me los paso currando enteros, al final te cruje la espalda y te duele la mano pero son los que más feliz me hacen.