Los bosques de coral negro de Lanzarote serán investigados por el proyecto europeo B-CHARMED

Una novedosa metodología que utiliza sistemas de sonar de barrido lateral y ecosonda multihaz permitirá establecer un mapeado real de estos hábitats marinos, prácticamente desconocidos en toda la Macaronesia, en una investigación de carácter internacional en la que participan científicos españoles de ABAS y del IU-ECOAQUA de la ULPGC, tal y como demuestra un artículo publicado esta semana en la prestigiosa revista ‘Remote Sensing’

 

Las Palmas de Gran Canaria, 9 de octubre de 2020

 

Hasta ahora hablar de bosques en la isla de Lanzarote parecía una falacia. Los bosques, tal y como los conocemos, están dominados por árboles, en ellos se integran distintos tipos de vegetación y plantas y dan cobijo a un amplio abanico de fauna animal que abarca desde ínfimos organismos imposibles de ver a simple vista, legiones de insectos, cientos de aves y distintos mamíferos.

 

Es un concepto que nos acerca al bosque terrestre, pero también existen los submarinos, mucho menos conocidos que los anteriores, y que son ecosistemas formados principalmente por algas o plantas, o incluso también animales que viven anclados al fondo como las esponjas o los corales. Al igual que los terrestres, estos bosques submarinos modifican el paisaje, influyen en la presencia de otras especies de fauna y flora, y funcionan por lo tanto como verdaderos “bioingenieros” de los ecosistemas marinos.

 

Esta semana, la revista científica ‘Remote Sensing’ se hace eco precisamente de una investigación que sienta las bases que permitirán establecer un mapeado real de los bosques de coral negro en la Macaronesia, en una investigación internacional que presenta una novedosa metodología que hace uso del sistema de sonar de barrido lateral y la ecosonda multihaz, y en la que participan investigadores de la Asociación Biodiversidad Atlántica y Sostenibilidad (ABAS), del Instituto Universitario de Investigación en Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos (IU-ECOAQUA) adscrito a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y del Instituto Leibniz para la Investigación del Mar Báltico de Warnemünde (IOW).

 

En Remote Sensing se explica que, al contrario que ocurre con los bosques de coral negro situados en latitudes tropicales, los conocimientos que existen hoy día de estos hábitats en toda la Macaronesia, y por lo tanto en Canarias, siguen siendo extremadamente superficiales debido sobretodo a las limitaciones físicas y biológicas que plantea su exploración en comparación con sus homólogos tropicales.

 

En un artículo que está firmado por Francisco Otero-Ferrer por parte de ABAS; Karolina Czechowska, Fernando Tuya, Marcial Cosme de Esteban, Fernando Espino y Ricardo Haroun, por parte de la ULPGC; y por Peter Feldens y Mischa Schönke como integrantes del IOW, los investigadores han centrado su esfuerzo en establecer un sistema de teledetección que ayude a monitorizar estos hábitats en zonas mucho más profundas, por debajo de 40 metros de profundidad.

 

Este estudio pionero “abre la puerta” a metodologías mixtas que incluyan el uso de herramientas acústicas como el sonar de barrido lateral y la ecosonda multihaz, combinado con capturas de imágenes tomadas in situ para la detección de las colonias de coral negro, y que permitirán elaborar mapas exactos de su extensión y determinar una descripción más detallada sobre su distribución, ecología y estado de conservación. En este sentido, ya se han observado colonias de altura creciente (hasta 1,3 metros) con una densidad de hasta 10 colonias por m2, en particular en laderas rocosas de gran pendiente y orientadas hacia la corriente. La metodología sienta las bases, además, para el estudio más extenso de otras especies de biota marina que se desarrollen en profundidad.

Esta investigación preliminar realizada y publicada por Remote Sensing, es la lanzadera del proyecto B-CHARMED (acrónimo de “The Black Coral forests as unexplored Biodiversity Hotspots in the MAcaronesian Region: ecosysteM functions and sErvices analyseD), englobado dentro del programa europeo LIFE4BEST, y que recibe financiación del Programa LIFE de la Unión Europea, de la Oficina Francesa para la Biodiversidad (OFB) y de la Agencia Francesa de Desarrollo (AFD).

La continuación de estos trabajos se desarrollará en varias campañas de investigación en la isla de Lanzarote a finales de este año y durante el 2021. Junto a los investigadores canarios participará de nuevo el equipo alemán del IOW, al que se unirán además investigadores franceses del Laboratorio de Ecogeoquímica de Ambientes Bentónicos de Banyuls-sur-Mer (LECOB).

 

Actualmente, estos hábitats marinos no están incluidos en ninguna directiva de protección nacional o regional, aunque en general si aparecen referenciados como Ecosistemas Marinos Vulnerables en las resoluciones 61/105 y 64/72 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, así como en el Apéndice 2 de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).

 

¿QUÉ SON LOS CORALES NEGROS?

Son animales coloniales formados por cientos de individuos denominados pólipos, parecidos a pequeñas anémonas de mar, que están conectados físicamente y funcionan como una sola unidad. Los pólipos suelen medir tan solo unos pocos milímetros y poseen una serie de tentáculos urticantes, generalmente 6, que rodean la boca por la cuál ingieren los alimentos.

Los corales negros son propios de aguas profundas, aunque muchas especies aparecen en un rango de profundidad muy amplio. Con morfologías similares a verdaderos árboles, las comunidades de corales pueden agregarse de manera abundante en los fondos submarinos de las Islas Canarias a partir de los 30-40 metros de profundidad, formando auténticos “bosques submarinos” que modifican el paisaje, e influyen en la presencia de otras especies de fauna y flora, funcionando por lo tanto como verdaderos “bioingenieros” de los ecosistemas marinos.

A diferencia de otros corales como los formadores de la Gran Barrera de coral en Australia, cuyo esqueleto está formado principalmente por carbonato de calcio, los corales negros tienen un esqueleto compuesto por proteínas (alrededor del 50%) y quitina, otro compuesto flexible y resistente que forma parte de las paredes celulares de los hongos o de los esqueletos de muchos insectos. A pesar de tener diferentes apariencias y colores llamativos debido a los pólipos, el esqueleto de estos animales suele ser negro (de ahí su nombre), pudiendo estar recubierto por una serie de espinas que además de reforzar la resistencia del mismo a la torsión, se utilizan también para diferenciar las especies. Por ello a los corales negros también se les conoce como “corales espinosos” (“thorn corals”, en inglés).

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