Represión Académica.

Por Miguel Ángel Hdez-Concepción.
Profesor Bachillerato-Acceso a la Universidad. Doctorando, especialista e investigador.

Es bien sabido que los dictadores atentan contra la libertad de prensa, acosan a los periodistas, los encarcelan o hacen desaparecer, incluso en algunos casos los asesinan. También hemos visto como los autócratas mundiales se apropian de los sistemas electorales y de justicia para concentrar el poder. Pero hay otro ámbito que está siendo igualmente amenazado por el autoritarismo y del cual no se habla tanto, se trata de la libertad académica. En todo el mundo, los profesores, los estudiantes, las universidades, los centros de secundaria y bachillerato así como las escuelas están siendo acechados por líderes autoritarios o por políticos de segunda que quieren controlar lo que se enseña en las aulas de clase en cualquier país del mundo.

En lugar de poder investigar, enseñar y fomentar el desarrollo del pensamiento crítico, los docentes y investigadores ahora se enfrentan a la cancelación o censura, a despidos o medidas disciplinarias, falsas acusaciones, ataques psiquicos y emocionalmete violentos. Esto está ocurriendo en naciones tan diversas como Hungría, India, Méjico, Turquía, Nigeria, China, Bielorrusia, Egipto, Nicaragua, Venezuela tal es así que la Organización Internacional Scholars at Risk (Academic Freedom Monitoring Projet- Raport Free to Think) alertó en el año 2021 de que estamos en un momento de crisis educativamente hablando.

Por ello es importante conocer cómo se manifiesta esta represión académica que también se da con mayor o menor prevalencia en países del entorno comunitario europeo mediante el uso de estrategias más sutiles tal y como denuncia el Director, Robert Quinn, de la Organización Internacional Académicos en Riesgo, una red internacional con sede en la Universidad de New York. Los profesores o académicos siempre han estado bajo presión porque trabajan en lo que consideramos la INTERSECCIÓN DE LAS IDEAS Y EL PODER. Los profesores hacemos preguntas que pueden resultar desestabilizadoras para los gobiernos nacionales, regionales o internacionales, especialmente para los gobiernos de apariencia democrática pero completamente autoritarios, inquisitivos que imponen sus perversas ideologías a base de Leyes Orgánicas, Decretos-Ley, Reales Decretos, Órdenes, Resoluciones y cualquier otra disposición legal sin apenas diálogo o consenso con las partes implicadas o interesadas.

En este sentido, el poder de los desgobiernos depende , en la mayoría de los casos, de controlar lo que la gente piensa y de limitar el acceso a la información contraria o peligrosa para sus consignas políticas o experimientos sociológicos. A veces, incluso, los profesores también son castigados por buscar la paz, por ejemplo en 2019 el gobierno turco acusó al matemático Ahmet Tuna Altinel y a otros 26 profesores de terrorismo, la razón fue que los docentes firmaron un carta pidiendo una solución pacífica al conflicto entre el gobierno turco y los grupos kurdos en el sudeste del país.

Más aún, datos del Instituto NIMD (Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria), un centro dedicado al estudio y defensa de la democracia, indican que la libertad para enseñar e investigar ha disminuido a nivel global desde el año 2010 y en los últimos seis años se ha visto el mayor declive. Académicos en Riesgo, por su parte -en su informe de 2021- puso de manifiesto que entre 2015 y 2021 ocurrieron casi 1700 ataques o amenazas contra profesores o investigadores, un aumento de más del 400% en comparación a los cinco años anteriores. Aunque con frecuencia la represión proviene del Estado, Consejerias de Educación, Direcciones de Centros Educativos, en España aún no hemos llegado, afortunadamente, a ataques de grupos armados no estatales, de actores comerciales, de grupos culturales o religiosos que sí se dan en otros países. En Académicos en Riesto se ha realizado un ranking sobre los ataques contra la educación universitaria y no universitaria y se documentan presiones lentas pero psicológicamente violentas como el acoso
laboral, la intimidación, coacciones, aislamiento de ciertos profesores, sanciones injustificadas, pérdida de puestos de trabajo, imposibilidad de acceder a ciertos cargos o funciones, exclusión en listas de empleo, expulsiones de estudiantes, intromisión en ámbitos de la vida personal, etc.

Señalaba arriba que algunos gobiernos emplean mecanismos más sutiles para limitar la libertad de los profesores, tal es el caso del Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, quien en 2019 afirmó que el sistema educativo en su país estaba generando idiotas útiles al servicio de los militantes de izquierda, por eso propuso una reducción del 30% del presupuesto para la educación pública de su país. Esto claro tiene terribles consecuencias tanto para los profesores como para los alumnos, así lo expresó Arthur Caser, profesor de una escuela en Río de Janeiro: si no se invierte en recursos no se puede trabajar. Por otro lado, en Rusia donde Vladimir Putin ha promovido la polarización y la intolerancia, cientos de docentes han sido despedidos o se han visto obligados a renunciar bajo acusaciones de presunta mala conducta o mala praxis. Para el historiador Nikita Tushkanov diferir de los valores ultraconservadores que promueve el régimen o expresar apoyo a la oposición política ha significado no conseguir un empleo en el ámbito académico.

Y la amenaza contra la libertad académica no solo se vive en países con tradiciones poco democráticas. Se observa mucha represión por parte del gobierno de Narendra Modi en India en contra de las personas cuyas narrativas contradicen la identidad nacionalista del régimen y en los Estados Unidos los legisladores estatales han aprobado recientemente leyes para tratar de limitar los temas que pueden enseñarse en las universidades. Estas limitaciones tienen un impacto directo en la vida de los profesores y de los estudiantes pero también tienen implicaciones globales porque los sistemas de enseñanza e investigación están altamente interconectados. Si se normaliza que los líderes autoritarios, presidentes regionales, rectores universitarios y directores de centros educativos decidan qué se puede pensar o enseñar, arriesgamos que las sociedades tengan una visión del mundo cada vez más limitada.

En definitiva, el ataque a los pensadores y a los profesores independientes no es solo un problema que compete únicamente a la comunidad académica, pues desde las universidades, institutos, colegios, centros culturales, laboratorios se generan ideas, soluciones que nos benefician a todos. Por todo ello, la libertad académica ha de ser protegida ante el aumento de autócratas ideológicamente perversos que atentan contra la deontología docente o investigadora también en nuestro país. Tómese nota, cada vez son menos los gobiernos demócratas auque repitan que lo son y la gestión de universidades y centros educativos no universitarios se aleja mucho de la participación democrática y de la libertad académica que aquí se ha tratado.

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