Twitter, la red social más resistente a las teorías conspirativas de la covid

29 Noviembre 2021/Agencias
La red social Twitter es la más resistente a las teorías conspirativas, mientras que Facebook y YouTube tienen «características más favorables para difundir estas teorías», según un estudio liderado por la investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Ana Sofía Cardenal.

El trabajo, que ha analizado el papel de redes sociales y aplicaciones de mensajería en difundir creencias conspirativas, constata que la incertidumbre al inicio de la pandemia y la falta de información oficial propiciaron un incremento de las conspiraciones en las redes, que se han convertido en uno de los principales canales de difusión de información y contenido que millones de usuarios consultan cada día.

El estudio, que publica la revista New Media & Society, subraya que las redes sociales «no siempre reflejan la realidad y favorecen la difusión de noticias falsas, ‘fake news’, bulos o conspiraciones».

En el trabajo han participado veinte universidades de todo el mundo que han analizado el papel de las redes sociales en difundir teorías conspiranoicas y la relación entre usar estas plataformas y creerse este tipo de argumentaciones falaces.

«Las características y particularidades de funcionamiento de Twitter, una red social más orientada al consumo de noticias, aumentan la presión social sobre lo que se publica, lo que podría reducir la información no verificada o de tipo alternativo respecto a otras redes sociales, como Facebook o YouTube, con características más favorables a la difusión de estas teorías», ha resumido Cardenal, profesora de Derecho y Ciencia Política de la UOC.

El trabajo ha analizado los datos obtenidos mediante encuestas en 17 países europeos antes y después de la pandemia sobre distintas redes sociales, como Twitter, Facebook, YouTube y diversas aplicaciones de mensajería como WhatsApp.

Los autores también han comprobado cómo la diferente arquitectura y prestaciones de estas plataformas influyen en la difusión de estas teorías al definir los usos potenciales, el comportamiento de los usuarios, el tipo de interacciones y los procesos de transmisión de información.

«Esta estructura hace que en una plataforma como Twitter, por ejemplo, el contenido conspirativo pueda ser desacreditado rápidamente o llegue a ‘ahogarse’ con información de mejor calidad o con el gran volumen de quienes están dispuestos a saltar rápidamente y corregir percepciones erróneas», apuntan los autores.

Asimismo, según el estudio, los usuarios de Twitter combinan una educación superior a la media con una mayor tendencia a buscar noticias y participar en debates políticos que los de cualquier otra plataforma.

Sin embargo, «en otras redes sociales como Facebook o en aplicaciones como WhatsApp, donde el tipo de vínculo de los usuarios es más cercano, como familiares o amigos, las personas no comprueban tanto las informaciones o contenidos dudosos», señala el estudio, que ha constatado «una relación entre usar Facebook, YouTube y WhatsApp y tener creencias de conspiración sobre COVID-19».

«Este tipo de redes sociales y plataformas de mensajería tienden a ser espacios más privados y protegidos, lo que podría aumentar la circulación de información alternativa», según Cardenal.

CONSECUENCIAS DE LA PANDEMIA

Según los autores, aunque la difusión de teorías falsas en internet ha sido una constante desde su origen, la pandemia de COVID-19 ha potenciado la presencia e intensidad de las conspiraciones en las redes sociales.

Incluso poco después de declarar la pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó la situación de «infodemia», debido a la cantidad de información falsa que empezó a circular sobre el coronavirus.

«En la primera encuesta, antes del brote de COVID-19, preguntamos por el uso de plataformas y servicios de mensajería. Y en la segunda, en mayo de 2020, ya en plena pandemia, hicimos acopio de las teorías de la conspiración más comunes sobre el origen y tratamiento de la COVID-19, y preguntamos acerca de sus creencias sobre esas teorías», ha explicado Cardenal.

Según la investigadora, la incertidumbre y el mayor tiempo pasado en casa favoreció la difusión de este tipo de informaciones no verificadas, la ansiedad ante la amenaza aumentó la necesidad de tener explicaciones válidas sobre lo que estaba pasando, lo que incrementó la demanda de información y al principio de la pandemia faltó información oficial contrastada.

«Se dio la tormenta perfecta y este desequilibrio entre la demanda y la oferta se convirtió en una oportunidad para que circularan todo tipo de conjeturas y explicaciones falsas sobre el virus», según Cardenal.

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